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PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES
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31/12/2015
Con el sueño cambiado
Los seres humanos necesitamos sentirnos integrados comunitaria y socialmente para poder satisfacer nuestras necesidades personales, físicas y psicológicas, y una de las vías para logarlo es el desarrollo profesional.

De este modo, el trabajo se encuentra sujeto a multitud de influencias externas como son las económicas, tecnológicas, culturales, sociales… determinando a su vez las relaciones laborales, familiares y sociales de los individuos.
 
Aunque cada día se avanza por desempeñar una vida laboral con más calidad y seguridad, algunos trabajos requieren horarios inadecuados, como los desempeñados durante la noche o los establecidos en turnos, y con independencia de que dicho horario sea permanente o rotativo.
 
El trabajo nocturno es un claro exponente de un estilo de vida socialmente determinado y que condiciona gran parte de la actividad extra laboral de las personas.
 
Estos patrones de nocturnidad y turnicidad responden tanto a la necesidad de determinados profesionales las 24 horas del día, como son por ejemplo el personal de emergencias: médicos, policías, bomberos…, o bien, debido a factores económicos de las industrias manufactureras y de servicios: por ejemplo el personal de cadenas de montaje, de limpieza, panaderos, transportistas…
 
Mientras que numerosos estudios avalan el establecimiento de turnos rotativos y nocturnos permanentes, debido a las características intrínsecas del puesto de trabajo o la tarea a realizar, otros tantos ponen de manifiesto las consecuencias más desfavorables de estos horarios: es frecuente que se produzcan manifestaciones inmediatas, que son trastornos sin importancia aparente, como irritabilidad, humor cambiante, estreñimiento, falta de apetito, dificultades para conciliar el sueño, fatiga, estrés y una alimentación inadecuada.
 
Pero para poder entender cómo afecta a las personas que desempeñan su jornada laboral en horarios nocturnos y para saber cómo paliar estos efectos negativos, hay que conocer mínimamente cómo funciona el organismo humano a lo largo del día.
 
Al observar un animal se aprecia en su comportamiento una sucesión de períodos de actividad y de descanso. Hay igualmente un cierto orden en los momentos de ingestión de alimentos y bebidas. Es decir, un animal tiene ciclos de actividad. Y esta es una manifestación de los ritmos biológicos o circadianos: funciones corporales que aumentan durante el día y disminuyen durante la noche.
 
El ser humano está también sometido a estos ritmos biológicos que influyen en el funcionamiento de su organismo. Así, sabemos que nuestro cuerpo no tiene la misma estabilidad durante las 24 horas del día, ya que por la noche se produce una disminución de las capacidades físicas y mentales. La memoria a largo plazo, además, disminuye durante la noche y mejora progresivamente a lo largo del día, que en unos momentos de la jornada la rapidez de nuestras respuestas es máxima, mientras que en otros producimos respuestas más lentas. Se sabe también que el tono muscular, la frecuencia cardíaca, la temperatura corporal, la frecuencia respiratoria, etcétera, experimentan variaciones a lo largo de la jornada. En general, se puede decir que nuestro organismo está biológicamente programado para la actividad diurna y el descanso nocturno.
 
Efectos sobre el ritmo biológico
 
Estas alteraciones encuentran explicación tanto en los ritmos biológicos como en el hecho de que los factores sociales ejercen una influencia dominante como sincronizadores, que no coincide con los periodos de trabajo.
 
El trabajador nocturno está sometido a la presión de adaptarse, por un lado a los horarios sociales (de familia, comida, tiempo de esparcimiento, ocio,...), a los de su ritmo biológico (temperatura, vigilia, hormonas, tensión arterial, pulso…) por otro, y finalmente, a los de sus tareas laborales. Está comprobado que el trabajador, ante las tres opciones anteriores, generalmente opta por las sincronizaciones sociales, con lo cual nunca logra adaptar su ritmo biológico a los horarios de trabajo.
 
Si se mantiene un desajuste permanente de las sincronizaciones, el trabajo nocturno o por turnos puede ocasionar repercusiones desfavorables para su salud.
 
Estas funciones se resumen en siete puntos fundamentales. Temperatura, presión sanguínea o tensión arterial, capacidad respiratoria, secreción de adrenalina, secreción de ciertas hormonas, capacidades mentales y capacidad física son las principales funciones corporales que sufren una considerable variación cuando el trabajo se realiza bajo la luz de la luna. Además, los trabajadores nocturnos, añaden la circunstancia de que la distribución de comidas no es la convencional, y que los alimentos que consumen en este horario son a menudo bocadillos u otros alimentos generalmente muy grasos, acompañados de bebidas excitantes tipo cola y cafés. Esto hace que la alimentación sea desequilibrada y por tanto, repercute aún más negativamente en la salud y capacidad laboral de la persona. La opción más acertada, es disponer en el centro de trabajo de un lugar acondicionado para que el trabajador pueda llevar, por ejemplo, una fiambrera en la que poder incluir una dieta mucho más adecuada.
 
Patologías asociadas
 
Las patologías asociadas a turnos o en jornada nocturna están ligadas a la fatiga, y sus manifestaciones más importantes aparecen en la mayoría de las ocasiones. Trastornos nerviosos, como mayor sensación de laxitud y abatimiento, dificultad de hacer esfuerzos intelectuales, con sensación de cabeza vacía, faltas, errores,... y ansiedad acompañada de vértigos y calambres, son algunas de las consecuencias asociadas a esta patología. Pero también aparecen otro tipo de patologías igualmente importantes a la anterior. Trastornos del sueño, como insomnio, fatiga crónica, depresión y dolor de cabeza; trastornos gastrointestinales, como pérdida de apetito, gastritis, colitis; efectos psicosociales y repercusiones en el biorritmo interno en el caso de las mujeres, son el resto de patologías que aparecen a la hora de trabajar por la noche. Tras el análisis de los múltiples estudios sobre trabajos realizados en nocturnidad y turnicidad, los expertos en la materia han conseguido elaborar una serie de recomendaciones. Dar la oportunidad siempre de elegir el turno que se quiera, facilitar el entorno laboral de los afectados, evitar que estos turnos sean protagonizados por personas de avanzada edad, informar con cierta antelación a los trabajadores para que puedan adecuar su modo de vida a su horario laboral y adaptar los periodos de trabajo a determinadas horas, son algunas de las medidas que podemos tomar para evitar los trastornos antes mencionados.
 
Está demostrado que durante la realización de trabajos nocturnos, aumenta el número de accidentes de trabajo y que estos son de mayor gravedad debido a la disminución de la capacidad de control y a la reducción del rendimiento inherentes a nuestra condición de seres humanos.
 
Como datos anecdóticos en referencia a la Seguridad Laboral nos encontramos con que el mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad, Chernobyl, se produjo a la 01:24 del 26 de abril de 1986 debido a un error humano, afectando con su radiación a más de 8 millones de personas. El peor accidente nuclear de Estados Unidos ocurrió el 28 de marzo de 1979, a las 04:00, en el reactor nuclear de Three Mile Island, debido a fallos humanos, sin producirse daños debido a las medidas de seguridad pasiva y al diseño del reactor. También nos encontramos con las explicaciones de los responsables políticos de la N.A.S.A., admitiendo que la explosión del transbordador espacial Challenger en pleno despegue fue debido a fallos humanos atribuibles objetivamente a la falta de horas de sueño de la plantilla, fruto de una prolongación excesiva del turno de trabajo durante la noche anterior al lanzamiento.
 
También queda demostrado que el trabajo nocturno, debido sus propias características de aislamiento social y por las dificultades laborales que presenta, suele formar plantillas muy cohesionadas y con más margen de libertad laboral a la hora de desempeñar las tareas, independientemente del ambiente de trabajo.


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